Los hábitos de estudio en los adolescentes (post-pandemia)

Si hablamos de hábitos de estudio, no podemos dejar de lado que el inicio de un nuevo año escolar Post-pandemia es distinto a lo que conocíamos.

En este contexto, hay cuestiones que nos preocupan a los docentes del nivel medio que son bastante similares mas allá del área de uno.

Todos/as coincidimos en la necesidad de volver a sentar bases del “ser estudiante”, es decir, que pueda desarrollar hábitos de trabajo y estudio escolar con progresiva autonomía. Incluso aspectos que antes se esperaban estén logrados para el inicio del secundario, ya no están presentes en los ingresantes.

La formación de hábitos, al igual que el dominio de un deporte o de un instrumento musical, requiere de un tiempo y unas acciones necesarias. Requiere del trabajo sistemático día tras día. 

El talento o la capacidad intelectual no definen nada. Incluso pueden ser contraproducentes, ya que muchos estudiantes confían que su inteligencia le permitirá aprobar con poco tiempo de preparación. Y puede ser que alguna vez lo logren y se refuerce su confianza, pero con la progresiva complejidad y volumen de contenido, es muy posible que solo con la capacidad intelectual no sea suficiente a largo plazo. 

La escuela como organizador

Los casi dos años de pandemia se caracterizaron por lo asistemático y la falta de rutina. En su lugar tuvimos que desarrollar la flexibilidad al cambio y la tolerancia a la frustración, entre otras muchas cosas. 

En nuestra experiencia, los estudiantes que tenían las condiciones externas adecuadas (conectividad y dispositivos adecuados) y que pudieron sostener la continuidad pedagógica fueron los que contaban con cierta autonomía para el trabajo. O con una estructura familiar que funcionó como soporte y estimulo. 

Pero para aquellos que la escuela resulta el único organizador, fueron años de deriva. 

Por otra parte, no es novedad decir que el aspecto social fue profundamente afectado por la pandemia. Pero resulta importante señalar que para los adolescentes el intercambio social no familiar, es estructurante de su psiquismo y definitorio en la construcción de su identidad. 

La falta de encuentros con pares o adultos que nos sean los padres, para los más jóvenes tuvo un alto costo. Debido a esto, en muchas escuelas se observó un aumento de estudiantes que tuvieron que iniciar tratamientos psicológicos y/o psiquiátricos.

Como nunca, quedó claro el lugar de la escuela como organizador de la vida académica y social de los/las estudiantes.

Enseñar es una tarea de esperanza, por eso en cada nuevo inicio volvemos a apostar en el papel central que tiene la escuela. Y en estos momentos nos toca volver a ser ese organizador de la vida de los y las adolescentes.

LAS 6 CLAVES DEL EXITO EN EL NIVEL MEDIO

Una de las herramientas principales que tiene un adolescente para constituirse como estudiante son los hábitos de estudio.

Cada docente desde su lugar debe colaborar con ellos y ellas en la construcción de estos hábitos, recordando que no podemos esperar que ya los tengan incorporados debido a lo dicho anteriormente. 

Si un estudiante se apropia de estos seis hábitos, no tendrá problemas para avanzar en sus estudios y podrá disfrutar de aprender y crecer. 

Te invitamos a que descargues esta infografía y se las regales a tus estudiantes para que la tengan siempre presente. Los organizadores visuales ayudan en la tarea porque dejan claro y a la vista una serie de elementos, haciéndolos más recordables.

1. Aunque haya diversos soportes o plataformas digitales, la carpeta sigue siendo el repositorio de estudio y trabajo por excelencia. Constituye un correlato concreto donde el estudiante va construyendo el conocimiento poco a poco. La continuidad temporal es un aspecto importante en la percepción significativa del contenido. Por eso, un estallido de hojas sueltas de materias distintas, nunca es un buen indicador.

2. La organización temporal es un aspecto fundamental en la construcción del ser estudiante. Se trata de organizar de forma externa los subjetivos tiempos internos, para poder transitar los procesos de aprendizaje. No solo es aprender a usar la agenda, sino encontrar en ella un facilitador de la tarea escolar. Lo que deseamos promover en los estudiantes es una progresiva autonomía. 

3. El sentido de las tareas para el hogar, es el desarrollo de la responsabilidad cotidiana. Puede complementar el trabajo durante la clase, prepararlo o diversificarlo. Por eso, no da lo mismo hacerla o no. Cuando las tareas se acumulan, puede generar un agobio paralizante. En cambio, tener al día el listado de tareas pendientes también colabora a la autoestima del estudiante, y los prepara para la vida laboral.

4. Sacarse las dudas en la clase con el docente es fundamental. Animarse a preguntar no resulta fácil, constituye un gran desafío para los y las estudiantes, que por diversas razones les cuesta tomar la voz. Es clave que el docente genere un clima de apertura a la pregunta, para que la referencia del estudiante sea su profesor/a, y no google o el grupo de whatsapp.

5. Tener en el colegio los materiales de trabajo permite al estudiante transitar la experiencia de aprendizaje y al docente, llevar a cabo su propuesta. Por eso no da lo mismo tenerlos o no. Para estar en clase con los materiales necesarios, tiene que haber un mínimo de orden y previsión, que ayuda a anticipar las materias que tendrán el día siguiente. Es decir, la agenda y el horarios. 

6. Estudiar de a poco, es otro de los hábitos difíciles de apropiar. Constituye la base de la propuesta escolar, sistemática y progresiva. El aprendizaje se construye poco a poco, se enlaza con elementos conocidos para avanzar hacia lo desconocido y complejo. Estudiar todo junto al final es perderse la riqueza de ese viaje. Y muchos elementos que quedan en el camino son irrecuperables.

La familia, ¿cómo ayuda con los hábitos de estudio?

Si bien los y las adolescentes, deseosos de autonomía, piden que los padres no participen, estos tienen un rol fundamental en la consolidación de hábitos. Dejarlo solo/a porque “ya es grande”, cuando los resultados no son los esperados, claramente no es una buena opción.  

Un criterio clave para orientar a las familias es ofrecer mayores niveles de autonomía en la medida que los resultados demuestran que nuestro hijo o hija se va haciendo responsable. Entonces comenzamos a distanciarnos de a poco. Por ejemplo, si iniciamos el año con controles diarios, luego podemos pasar a controles semanales. 

El orden y la organización también se aprenden en casa, con espacios ordenados y rutinas familiares previsibles. 

Generar hábitos que les permitan crecer y aprender es una tarea ardua y desafiante pero con grandes recompensas que exceden los buenos resultados académicos. 

Porque los y las estudiantes capaces de esforzarse tras un objetivo, podrán logran cualquier cosa que se propongan en la vida. 

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